Presentación Prezi - Memorias de los Conversatorios de Psicología, 2010

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martes, 12 de octubre de 2010

Memorias del II conversatorio de psicología: Lo psicosocial en el contexto jurídico.



UNAD - CEAD - Turbo - Zona Occidente




Intervención psicosocial en el contexto jurídico
en la región de Urabá



El pasado 09 de octubre de 2010, en el Auditorio Guillermo Gaviria Correa, las y los estudiantes del programa de psicología realizaron el segundo conversatorio de psicología. El programa de psicología de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia UNAD CEAD Turbo, tiene cinco cursos académicos de intervención psicosocial: Comunitario, organizacional, familiar, educativo y jurídico.  Por consenso se optó por conversar a partir del curso de intervención psicosocial en el contexto jurídico.
El grupo trabajó a partir de dos aspectos orientadores: La psicología jurídica en su definición y conceptualización y, la psicología como disciplina aplicada en diferentes contextos: Centros carcelarios, memores infractores, procesos de separación y divorcios, victimología, resolución de conflictos y psicología judicial.
Luego de conversar en torno a estos dos aspectos básicos, el grupo entró a reflexionar, debatir y construir a partir de la formulación de tres preguntas:
1. Como potenciales egresados de la UNAD ¿Salimos con las habilidades y competencias necesarias para hacer intervención psicosocial en el contexto jurídico?
2. ¿Qué podemos empezar a hacer desde el aquí y el ahora para lograr el desarrollo de estas habilidades y competencias?
3. ¿Cómo creen las y los egresados del programa de psicología que la UNAD podría apoyar en el desarrollo de estas habilidades y competencias?


DESARROLLO

Colombia es un país pobre en generación de conocimiento y en la mayoría de los campos disciplinares las y los profesionales egresados de las diferentes universidades y facultades de psicología colombianas, tienen que recurrir con frecuencia a la adaptación de las diferentes teorías psicológicas que llegan del extranjero a los diferentes contextos socio-culturales y psicosociales; tanto en el orden  local, regional, departamental y nacional, con el fin de que la psicología paliativamente pueda aportar algo a la mitigación de las diferentes problemáticas psicosociales por las que ha venido atravesando nuestro país en las últimas décadas.  
Colombia poco ha estimulado los potenciales intelectuales de sus científicos sociales, más bien se ha observado que estos tienen que irse a otros países si quieren desarrollar todo su potencial.
En razón del planteamiento anterior llegamos a la conclusión de que las y los egresados del programa de psicología de la UNAD, y posiblemente egresados de otras universidades, no tienen todas las habilidades y competencias necesarias para hacer intervención psicosocial en una disciplina relativamente joven como es la psicología jurídica.
Creemos que el desarrollo de estas habilidades, competencias y la preparación como tal se puede cualificar a partir de la apertura a la experiencia; a partir de la actitud de auto-exigencia, autoformación y la capacidad de investigar que pueda desarrollar el profesional interesado en este campo.  Adicional a esto, en la región de Urabá no hay entidades académicas a las que el profesional pueda acudir para desarrollar y estimular más sus conocimientos. Es una condición estrechamente relacionada con la visión y las concepciones que tienen tanto los gobiernos locales como la empresa privada acerca del desarrollo regional.
En las líneas de la promoción, la prevención –formación, capacitación y asesoría-, entre otras; las y los psicólogos unadistas pueden hacer aportes importantes al fortalecimiento de la intervención psicosocial en el contexto jurídico, máxime si estos aportes se hacen desde la visión y la calidad de servicios que pueda ofertar una “sociedad de psicólogos y psicólogas existente en y para la región de Urabá”.  
Frente a la certeza de que a principios del siglo XXI estamos ingresando a la era de la universalización del conocimiento y la economía, -se hace urgente llegar al entendimiento y al trabajo en redes sociales de apoyo- porque empiezan a surgir desde las diferentes universidades nacionales e internacionales, programas de formación académica que en su aplicación apuntan al desarrollo de actividades muy similares a las de las y los psicólogos; lo que puede generar al interior de las comunidades una disgregación progresiva de la utilidad de la psicología.  
Esta disgregación se puede sustentar en que la psicología se ha visto como un “lujo”, como un servicio al que sólo accede “el que puede pagar”.  De hecho la atención psicológica individual no es un servicio que las ESE o EPS de la región presten de manera satisfactoria y consistente. Se observa que en los diferentes municipios, los problemas de enfermedad mental generalmente se resuelven de manera parcial cuando son remitidos al Hospital Mental de Bello u otras instituciones como la ESE CARISMA, entre otros.
En la región de Urabá no hay una voluntad política que conduzca al afrontamiento y la satisfacción de las demandas de las comunidades en cuanto a los servicios que presta la psicología en general. De hecho no hay ofertas amplias, suficientes y responsables en los planes de desarrollo, en los COMPOS –Comités Municipales de Política Social- y en los Planes Territoriales de Salud Pública-, coordinados en el momento desde las ESE de cada ente territorial.
Por otra parte, se está empezando a sentir la sensación de que la dinámica compleja y cada vez más fluctuante de los fenómenos y problemáticas sociales contemporáneas, empiezan a desbordar las habilidades y competencias de las y los psicólogos a tal punto que cualquier intento de intervención es insuficiente. La psicología en su aplicabilidad en lo local, regional o nacional, debe dar apertura al encuentro, entendimiento y trabajo inter-disciplinario en su labor de democratización como disciplina y ciencia social.
Hoy en día se requiere de profesionales en psicología más formados, cualificados, más humanos, con sensibilidad y vocación para poner la psicología al servicio de las comunidades y no las comunidades al servicio de la psicología.  Las instituciones educativas públicas y privadas del estado colombiano tienen hoy la responsabilidad social de garantizar la integralidad en la formación académica. Pero no una integralidad representativa –en papel y teoría- sino una integralidad tangible que sea capaz de producir el cambio y la transformación social que se requiera en un contexto social específico.

¿Qué podemos empezar a hacer desde el aquí y el ahora para lograr el desarrollo de estas habilidades y competencias?

Es conveniente que las y los estudiantes de psicología, las y los psicólogos de la UNAD, participen y penetren los en diferentes espacios y mecanismos de participación social, con el propósito de posicionar en lo local, regional o nacional la “relevancia” que tiene la psicología como ciencia social en su dimensión política.
En razón de lo anteriormente expuesto, se recomienda que el programa de psicología de la UNAD en los últimos semestres de formación académica, se oriente más hacia el trabajo de campo –llevar los contenidos teóricos al plano de la praxis-. Esta es una labor que se puede potenciar desde los trabajos colaborativos, los semilleros de investigación y los conversatorios interdisciplinarios promovidos desde la misma universidad.
En el contexto que nos ocupa las y los psicólogos en formación deben acercarse y participar en las diferentes audiencias que se realizan con frecuencia en los juzgados municipales, con el ánimo de entrenarse en la observación y la identificación de los posibles aportes que potencialmente se pueda hacer desde la psicología jurídica.  
La coordinación del CEAD Turbo también puede hacer extensivo el bienestar universitario y la proyección social de la universidad, generando acercamientos oficiales con las fiscalías de cada municipio, de tal manera que las y los practicantes que les interese este campo puedan tener escenarios de participación más consistentes.

¿Cómo creemos las y los egresados del programa de psicología que la UNAD podría apoyar en el desarrollo de habilidades y competencias?
De hecho la universidad ya está haciendo su contribución al promover y apoyar los conversatorios de psicología. Y, desde el fortalecimiento de la tradicionalidad y la virtualidad, la UNAD puede promover eventos sociales de carácter académico, brindando ofertas de formación en las modalidades de diplomados, cursos, especializaciones o maestrías, entre otros. Oportunidades de formación con sistemas de crédito económico flexibles e incluyentes, orientados a fortalecer las competencias de las y los profesionales en los cinco contextos de intervención psicosocial.


CONSTRUCCIONES PROSPECTIVAS

Desde lo local y lo regional se debe emprender una labor de reivindicación del buen nombre y utilidad práctica de la psicología, en cuanto a los aportes que puede ofrecer al mejoramiento de la situación de salud mental de las comunidades en situación de vulnerabilidad psicosocial. No es conveniente que al interior de la cotidianidad del común y corriente de las comunidades se sigan perpetuando y naturalizando expresiones peyorativas y en algunos sectores estereotipadas de que la psicología es para los locos, los enfermos mentales y para los ricos que pueden pagar este tipo de servicios. El que hacer del psicólogo, en su rol y el que hacer de la psicología en su dimensión política debe posibilitar el cambio y la transformación paradigmática liberadora, a partir del fortalecimiento de una labor constante de democratización cognitiva de la psicología.
Es aconsejable y conveniente para las comunidades, que las y los psicólogos de la región de Urabá acorten las distancias y barreras existentes entre sí mismos a través de un cambio de actitud y de apertura al diálogo, al encuentro, al entendimiento y al respeto mutuo por el tipo de formación psicológica que se haya recibido en cualquiera de las universidades colombianas. Como profesionales hijos de la misma disciplina –la psicología-, nos hemos acomodado cada quien de manera individual y egoísta en su propio nicho laboral. Desde allí, cada quien se ha dedicado a defender los principios dogmáticos, científicos y de estatus social que provee esta disciplina en su ejercicio, manteniéndonos al margen de los cambios, las problemáticas y las necesidades sociales más urgentes de las mayorías en situación de pobreza y vulnerabilidad psicosocial.
Con respecto al trabajo de intervención psicosocial en comunidades o escenarios institucionales específicos, se debe invitar a los conversatorios de psicología a diferentes integrantes de los concejos municipales, las comisarías de familia y juzgados, para que compartan con las y los estudiantes de psicología sus vivencias, experiencias y visión acerca de la atención en salud mental en sus entidades territoriales.
Desde la UNAD CEAD Turbo se debe empezar a promover desde los conversatorios, la realización de un FORO REGIONAL donde se inviten personas del área judicial, a pensar e identificar las necesidades que tienen estas dependencias en materia de psicología jurídica.
Para el último conversatorio de psicología del segundo semestre de 2010, se recomienda realizar un FORO al interior del CEAD, dirigido a las y los estudiantes de psicología de todos los semestres, con el fin de socializar los resultados y avances que se dieron a partir de estos conversatorios. Un espacio para promover la necesidad del “esclarecimiento de las conciencias colectivas de las y los psicólogos en formación” frente a la necesidad de auto-exigirse, disciplinarse, y responsabilizarse de su proceso educativo-formativo.

Comentario para las y los estudiantes unadistas: Por favor después de haber leído las memorias del II conversatorio, dejar sus aportes y comentarios en el libro de visitas. Al igual que notificar si hay errores en la digitación o en la construcción gramatical del texto.

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Redacción, José Gañan Bedoya

lunes, 27 de septiembre de 2010

UNAD CEAD Turbo. Primer Conversatorio de Psicología 2010




MEMORIAS DEL PRIMER CONVERSATORIO DE PSICOLOGÍA
¿QUÉ ES LO PSICOSOCIAL?

El pasado sábado 25 de septiembre de 2010, un grupo de veinticuatro estudiantes del programa de psicología de la UNAD –CEAD–Turbo, se reunieron para realizar el primer conversatorio de psicología con el propósito de responder a una pregunta orientadora: ¿Qué es lo psicosocial para las y los estudiantes del programa de psicología de la UNAD –CEAD- Turbo? 

El conversatorio de dos horas se desarrolló en tres momentos: En el primero se pusieron a consideración algunos apartes del pensamiento de la Dra. Bertha Lucía Castaño, a propósito de su abordaje al tema de lo psicosocial. En el segundo momento citamos algunos planteamientos de Paulo Freire, a propósito de la dimensión política que debe lograr la educación contemporánea. De igual manera se citó el pensamiento del psicólogo Ignacio Martín Baró, a propósito del deber ser y hacer de la psicología en el siglo XXI. Y, en el tercer momento, se planteó una pregunta generadora de opiniones personales: ¿Qué entendemos las y los estudiantes de psicología de la UNAD –CEAD-Turbo por intervención psicosocial en el contexto comunitario, familiar, educativo, organizacional y jurídico?
Durante el transcurso del ejercicio participativo, deliberativo y reflexivo, surgieron varios temas que ayudan a responder varias preguntas tales como: ¿Cómo debe hacerse o empezarse la intervención psicosocial en una comunidad? ¿Qué debe considerarse al momento de hacer una intervención psicosocial? y, ¿Cuál sería el rol de las y los psicólogos en un proceso de intervención psicosocial?

APORTES ARGUMENTATIVOS DESDE EL SABER DE LAS Y LOS ESTUDIANTES

La intervención psicosocial debe dedicarse y hacerse a partir de una previa exploración diagnóstica, indagación e identificación de las problemáticas y necesidades relevantes para las comunidades. Deben ser las comunidades quienes expresen sus necesidades y quienes estén en actitud de apertura a la búsqueda de una solución y, dispuestas a iniciar trabajos colectivos en pro de transformar la situación problemática por la que estén atravezando en el momento.
Por otra parte hay quienes piensan que no necesario que las comunidades expresen explícitamente sus necesidades, puesto que la transformación y solución de éstas, constituye también una construcción conjunta a través de la cual diversos agentes sociales externos pueden llegar a cooperar en la búsqueda de transformaciones y soluciones posibles. 

En el caso de la región de Urabá y en nuestro país colombiano existen comunidades donde es difícil ingresar a pesar de que están endógenamente abiertas y en espera de una intervención externa, como es el caso de comunidades donde hay violación de los derechos humanos pero que la autonomía de las mismas regula el ingreso de agentes sociales externos que puedan ayudar. Y en estos casos los diferentes sectores sociales, institucionales, académicos, movimientos y actores sociales tienen la responsabilidad de “incidir políticamente” acudiendo a diferentes instancias, con el propósito de regular las situaciones que están generando riesgo, tensión o conflicto.  

Esta búsqueda de regulación del malestar psico-social, -en su intencionalidad- debe darse en el contexto del reconocimiento de los diferentes actores sociales en un ambiente y actitud de escucha responsable, respeto, confianza y mucho tacto. Las comunidades responden a la interlocución, dependiendo de la forma y la intencionalidad con la que las y los agentes sociales ingresen a ellas.
Por otra parte, se debe considerar que una cosa es hacer intervención psicosocial cuando la comunidad lo ha solicitado con antelación y, lleva adelantado un proceso y otra cosa es pretender hacer intervención psicosocial cuando no se ha solicitado o abruptamente se presenta una crisis y se determina que ésta se debe intervenir ofensivamente con el uso de la fuerza pública -se citó el caso de la comuna 13 en la ciudad de Medellín.  

Por otra parte; si el abordaje de lo psicosocial nos introduce al análisis de las condiciones sociopolíticas y económicas de una comunidad específica, es consecuente que  la intervención psicosocial se encuentra estrechamente vinculada con situaciones conflictivas que tienen profundas connotaciones políticas.   
Siendo así las cosas, la psicología, las y los psicólogos deben entregarse a la labor de ayudar a las comunidades a  “clarificar sus conciencias”, para que se asocien, se movilicen y se organicen en el propósito de transformar sus diferentes problemáticas en potencialidades comunitarias. 
Las y los psicólogos unadistas frente al compromiso que tienen las comunidades en transformar sus entornos de conflicto en escenarios de interacción dignos y dignificantes, centrarán sus esfuerzo en lograr que las comunidades desarrollen poco a poco -a partir del afrontamiento crítico de su cotidianidad- el poder para que logren autonomía, criticidad y libertad, a partir de la potenciación del mínimo de poder que pueda existir al interior de una comunidad específica.
En aras de empezar a materializar parte de estos propósitos en el contexto regional y local, la lideresa de la Escuela de Ciencias Sociales Artes y Humanidades de la UNAD - CEAD Turbo, Dra. Nancy Mejía Gallego –psicóloga-, hizo alusión acerca de la necesidad de que en la región de Urabá exista una agremiación de psicólogas y psicólogos con énfasis en lo social y lo comunitario; que estén en capacidad de hacer la intervención y el acompañamiento psicosocial.
Finalmente, por falta de tiempo no se alcanzó a desarrollar el tercer momento del conversatorio.  Se trabajará en el próximo encuentro.
Durante el conversatorio se identificaron dos temas a trabajar prospectivamente:
1. “Lo político y la política como eje transversal al trabajo de atención e intervención psicosocial”,
2. “El aporte de las escuelas psicológicas contemporáneas en la minimización de las problemáticas cruciales de las mayorías en situación de vulnerabilidad psicosocial.
Conclusión: Lo psicosocial se encuentra ampliamente transversalizado por la política. La psicología, las y los psicólogos no necesariamente tienen que estar adscritos a un partido político para ayudar a lograr que las y los individuos que hacen parte de una comunidad actúen en consecuencia de ser sujetos políticos. /José.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Aporte social de la psicología en latinoamérica



Aporte social de la psicología en latinoamérica[1] (ideas no textuales)

·         El aporte de la Psicología, como ciencia y como praxis, a la historia de los pueblos latinoamericanos es extremadamente pobre. Baró, se refiere a la psicología en su conjunto, la teórica y la aplicada, la individual, la social, la clínica y la educativa.

·         La psicología latinoamericana no solo ha mantenido una dependencia servil a la hora de plantearse problemas y de buscar soluciones, sino que ha permanecido al margen de los grandes movimientos e inquietudes de los pueblos latinoamericanos.

·         Posiblemente los aportes latinoamericanos de más impacto social puedan encontrarse allá donde la Psicología se ha dado de la mano con otras áreas de las ciencias sociales. El caso más significativo, sin duda alguna, lo constituye el método de la alfabetización conscientizadora de Paulo Freire (1970, 1971), surgido de la fecundación entre educación y psicología, Filosofía y Sociología. El concepto ya consagrado de conscientización articula la dimensión psicológica de la conciencia personal con su dimensión social y política, y pone de manifiesto la dialéctica histórica entre el saber y el hacer, el crecimiento individual y la organización comunitaria, la liberación personal y la transformación social.

·         No resulta exagerado afirmar que se aprende bastante más sobre la Psicología de nuestros pueblos leyendo una novela de García Márquez o de Vargas Llosa que nuestros trabajos técnicos sobre el carácter y la personalidad. Y ciertamente, la teología de la liberación ha sido capaz de reflejar y estimular al mismo tiempo las recientes luchas históricas de las masas marginales con mucha más fuerza que nuestros análisis y recetas psicológicas sobre la modernización o el cambio social.

·         La cultura latina tiende a conceder un importante papel a las características de las personas y a las relaciones interpersonales. En este contexto cultural que tiende a personalizar y aun psicologizar todos los procesos, la Psicología tiene un vasto campo de influjo. Y, sin embargo, en vez de contribuir a desmontar ese sentido común de nuestras culturas que oculta y justifica intereses dominantes transmutándolos en rasgos de carácter, la Psicología ha abonado por -acción o por omisión- el psicologismo[2] imperante.

·         La Psicología sigue alimentando el psicologismo cultural ofreciéndose como una verdadera «ideología de recambio» (Deleule, 1972). En nuestro caso, el psicologismo ha servido para fortalecer, directa o indirectamente, las estructuras opresivas al desviar la atención de ellas hacia los factores individuales y subjetivos.

·         No se trata aquí de establecer un balance de la Psicología latinoamericana. De lo que se trata es de preguntarnos si con el bagaje psicológico que disponemos podemos decir y, sobre todo, hacer algo que contribuya significativamente a dar respuesta a los problemas cruciales de nuestros pueblos. Porque en nuestro caso más que en ningún otro tiene validez aquello que de que la preocupación del científico social no debe cifrarse tanto en explicar el mundo cuanto en transformarlo.


Según el pensamiento de Baró,  surgen varias preguntas a desarrollar para las y los estudiantes de psicología de la UNAD en el cuaderno viajero:

1. ¿Qué podemos hacer desde lo local, para contribuir a desmontar el sentido común de nuestras culturas que oculta y justifica intereses dominantes?
2. Como psicólogas y psicólogos del siglo XXI ¿qué podemos hacer desde lo local y lo regional para no seguir alimentando el psicologismo cultural en nuestras comunidades?
3. Como egresados de las universidades actuales, ¿salimos formados y formadas como psicólogos y psicólogas con capacidad de hacer algo que contribuya significativamente a dar respuesta a los problemas cruciales de nuestros pueblos (Arboletes, Necoclí, Turbo, Currulao, Apartadó, El Reposo, Carepa, Chigorodó y Mutatá)?



[1] Ignacio, Martín-Baró. Hacia una psicología de la liberación. Departamento de Psicología, Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas" (UCA). San Salvador, El Salvador. Boletín de Psicología, No. 22, 219-231. © 1986 UCA Editores. Para uso personal. Formato pdf. p. 1-2

[2] Filed, Under. La impostura del psicologismo. -Entendemos por el término “psicologismo” aquel prejuicio de reducirlo todo a factores psicológicos y de poner en duda, no sólo lo intelectual y lo espiritual, en el sentido tradicional de los términos, refiriéndose el primero a la verdad y lo segundo a la vida en ella y por ella, sino también al espíritu humano, como tal, luego su capacidad de adecuación y, con toda evidencia, su ilimitación interna o su trascendencia. Esta tendencia empequeñecedora y propiamente subversiva hace estragos por todos los campos que el cientificismo pretende abarcar-. Blog en: http://cabalgandoaltigre.wordpress.com/2006/08/29/la-impostura-del-psicologismo/

José/Diseño y redacción. Chigorodó -18/09/2010-04:23pm.

Guerra y Salud Mental






¿Cómo hablar de salud mental en la región de Urabá cuando en sus municipios hay desempleo, hambre, desplazamiento forzado, muerte selectiva, desapariciones, narco y micro tráfico, químico-dependencia, desesperanza frente al sentido por vivir, apatía frente a la actividad política, poco sentido de pertenencia por los problemas de interés público y lo público, desestimación a los diferentes mecanismos de participación ciudadana, entre otros?
Lo que vemos a diario es que estamos viviendo sometidos a frecuentes situaciones psicosociales que nos están llevando al límite de nuestra capacidad de respuesta y adaptación. Luego entonces, ¿La salud mental sería un problema secundario? ¿Y, los trastornos mentales un problema minoritario en los entes territoriales?   ¿Cuál es la concepción que como estudiantes de psicología tenemos de la salud mental?  ¿Cómo la entendemos hoy? ¿Salimos de la universidad adoctrinados para abordar el tema de la enfermedad mental sólo desde lo que nos puede ofrecer el DSM-4? ¿Tenemos conocimiento de qué se está haciendo en los diferentes municipios de la región de Urabá en materia de salud mental?
Para enriquecer el debate, la reflexión, el análisis, la crítica y la construcción de conocimiento, cito a continuación los aspectos más relevantes del pensamiento del Dr. Ignacio Martín Baró en su intervención a propósito de la Guerra y Salud Mental, en su  -*Conferencia pronunciada en San Salvador el 22 de junio de 1984, en la inauguración de la “I Jornada de Profesionales de la Salud Mental”, y publicada en “Estudios Centroamericanos”, 1984, nº. 429/430, pp. 503-514.

La salud mental entendida primero como la ausencia de trastornos psíquicos y después como un buen funcionamiento del organismo humano, constituiría una característica individual atribuible en principio a aquellas personas que no muestren alteraciones significativas de su pensar, sentir o actuar en los procesos de adaptarse a su medio (ver Braunstein, 1979) –(citado en Baró, 1984). Sano y normal será el individuo que no se vea aquejado por accesos paralizantes de angustia, que pueda desarrollar su trabajo cotidiano sin alucinar peligros o imaginar conspiraciones, que atienda a las exigencias de su vida familiar sin maltratar a sus hijos o sin someterse a la tiranía del consumo del alcohol -(idea no textual).
El trastorno mental así entendido sería un problema minoritario, un problema que apenas afectaría a un sector muy reducido de la población. Aún aceptando que los problemas psíquicos aquejan a más personas de las que son hospitalizadas en clínicas psiquiátricas o acuden a las consultas del especialista, con todo habría que reafirmar que la mayoría de la población puede ser catalogada desde esta perspectiva como mentalmente sana y, por tanto, los problemas de salud mental apenas conciernen a unos pocos. Por eso se ha podido decir, y no sin razón, que el trastorno mental es una dolencia que aqueja a los pueblos desarrollados, pero no un problema de quienes se debaten con las exigencias más fundamentales del subdesarrollo económico y social. (idea no textual).
Según Baró, el problema de nuestra concepción acerca de la salud mental  radica en una pobre concepción del ser humano, reducido a un organismo individual cuyo funcionamiento podría entenderse en base a sus propias características y rasgos, y no como un ser histórico cuya existencia se elabora y realiza en la telaraña de las relaciones.
La salud mental constituye una dimensión de las relaciones entre las personas y grupos más que un estado individual, aunque esa dimensión se enraíce de manera diferente en el organismo de cada uno de los individuos involucrados en esas relaciones, produciendo diversas manifestaciones («síntomas») y estados («síndromes»).
Plantea que ya el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, DSM-111,  (hoy DSM4 –la inclusión es mía) de la American Psychiatric Association, que algunos consideran el vademecum de quienes trabajan en la salud mental, ha introducido cambios significativos en sus planteamientos taxonómicos. Que uno de los cambios más importantes más importantes lo constituye el dejar de ver los trastornos como entidades patológicas para considerarlos como configuraciones donde confluyen diversos aspectos de la vida humana.
Sin embargo falta mucho, especialmente desde la perspectiva de quienes acceden al campo de la salud mental a través de la Psicología y no de la psiquiatría (ver Eysenck, Wakefield y Friedman, 1983; McLemore y Benjamín, 1979; Schacht y Nathan, 1977; Smith y Kraft, 1983).
Como lo señala Theodore Millon (1983, pág. 813) -(citado en Baró 1984), falta todavía un reconocimiento más pleno del carácter interdependiente entre comportamiento y medio ambiente y, sobre todo, se echa de menos la incorporación de la dimensión interpersonal como eje articulador de la existencia humana.
Se ha tendido a considerar la salud y el trastorno mental como las manifestaciones hacia fuera, sanas o insanas, respectivamente, de un funcionamiento propio del individuo, regido en forma esencial si no exclusiva por leyes internas.
Por el contrario y como señala Giovanni Jervis (1979, pág. 81), -(citado en Baró 1984) «en lugar de hablar de trastorno mental sería más útil y preciso decir que una persona se ha hallado y/o se halla en una situación social por la que tiene unos problemas que no es capaz de resolver» y que le llevan a actuar de una manera que es reconocida por los demás como impropia.
Es evidente que el trastorno o los problemas mentales no son un asunto que incumba únicamente al individuo, sino a las relaciones del individuo con los demás; pero si ello es así, también la salud mental debe verse como un problema de relaciones sociales, interpersonales e intergrupales, que hará crisis, según los casos, en un individuo o en un grupo familiar, en una institución o en una sociedad entera.
Es importante subrayar que no se pretende simplificar un problema tan complejo como el de la salud mental negando su enraizamiento personal y, por evitar un reduccionismo individual, incurrir en un reduccionismo social. (idea no textual).
Ver la salud o el trastorno mental no desde dentro -afuera, sino de afuera- dentro; no como la emanación de un funcionamiento individual interno, sino como la materialización en una persona o grupo del carácter humanizador o alienante de un entramado de relaciones históricas (ver también Guinsberg, 1983) -(citado en Baró, 1984). Desde esta perspectiva, por ejemplo, bien puede ser que un trastorno psíquico constituya un modo anormal de reaccionar frente a una situación normal; pero bien puede ocurrir también que se trate de una reacción normal frente a una situación anormal.
Si la salud o el trastorno mental son parte y consecuencia de las relaciones sociales, la pregunta sobre la salud mental de un pueblo nos lleva a interrogarnos sobre el carácter especifico de sus relaciones más comunes y significativas, tanto interpersonales como intergrupales. Esta perspectiva permite apreciar en todo su sentido el impacto que sobre la salud mental de un pueblo pueden tener aquellos acontecimientos que afectan sustancialmente las relaciones humanas, como son las catástrofes naturales, las crisis socioeconómicas o las guerras.
Entre estos procesos, es, sin duda, la guerra el de efectos más profundos, por lo que tiene de crisis socioeconómica y de catástrofe humana, pero también por lo que arrastra de irracional y deshumanizante (ver Spielberger, Sarason y Milgram, 1982) –(citado en Baró, 1984).

Apreciadas y apreciados compañeros de estudio, el propósito del “cuaderno viajero de psicología” es que a partir de los aportes de Baró, con respecto al tema de la -salud mental-, escribamos nuestros comentarios, que expresemos lo que sentimos y pensamos, que digamos cómo vemos la situación de salud mental en nuestras comunidades, desde la perspectiva de las y los estudiantes de psicología de la UNAD.  José Gañán Bedoya. (Chigorodó, 18/09/2010 -12:37pm)


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Baró, Ignacio Martín. Guerra y Salud Mental. -Conferencia pronunciada en San Salvador el 22 de junio de 1984, en la inauguración de la “I Jornada de Profesionales de la Salud Mental”, y publicada en “Estudios Centroamericanos”, 1984, nº. 429/430, pp. 503-514. –Documento en pdf., 1-7 p.



viernes, 17 de septiembre de 2010

Las cegueras del conocimiento





Hoy por hoy nos encontramos con tres problemas graves relacionados con el conocimiento impartido desde las universidades:

Problema grave 1. ¿Qué tanto las instituciones educativas, las y los docentes adoctrinamos a los futuros psicólogos y psicólogas? Haciéndoles creer que lo que aprenden en las aulas son verdades absolutas o conocimientos ya acabados.
     Problema grave 2. Egresados universitarios con conocimientos cristalizados, inflexibles, infalibles e inmutables.  ¿Entonces?  Se necesita conciencia de que los conocimientos pueden verse distorsionados por múltiples factores.
     Problema grave 3. El más grave.  Que a las y los estudiantes se les adoctrina con corrientes y teorías, sin enseñar que éstos reverenciados personajes lo que presentan es sólo una mirada del mundo desde su propia observación y reflexión.  ¿Qué hacer?...

¿Qué hacer?  Lograr que las y los estudiantes tengan la capacidad de desarrollar conocimientos, con la comprensión de que el proceso de construcción del conocimiento es falible, en permanente corrección y mejoras.

     Es un ERROR pensar que el método positivista es el único científico y la única opción para generar conocimientos. ¿Qué hacer? Conocer y aplicar múltiples métodos para generar saberes y resolver problemas.
     Hay que crear en las y los estudiantes… la conciencia de riesgo continuo que se corre de caer en distintos errores mentales, intelectuales, emocionales y de razón.
     Si nos dejamos formar dogmáticamente, nos formaremos para el fracaso, porque no contaremos con las herramientas para enfrentar la incertidumbre (falta de certeza).
     Para el afrontamiento de la “incertidumbre” se debe enseñar la auto-observación teórica y posibilitar el entrenamiento para la auto-observación, autocrítica y reflexión ante el problema en cuestión.
     Generar el espiral continuo de la auto-conciencia y el desarrollo personal.

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Referente “Los siete saberes necesarios para la educación del futuro”.  Libro publicado por la UNESCO.  (Edgar Morin)